lunes, 16 de mayo de 2011

La Bikina

Recuerdo que durante mi niñez tuve que compartir muchas cosas con mis tres hermanos; Jesús, el mayor, era el primero en estrenar, después Mario, luego yo (Enrique) y al ultimo Gerardo. Pobre de el todo llegaba a sus manos en condiciones de “mejor tírenlo ya”. Compartimos cualquier cantidad de objetos personales que se pudieran heredar: cama, tenis, suéteres, pantalones, chamarras, ropa interior, etc.

 Cuando llego el momento de ingresar a la secundaria,  yo con ansias esperaba, de parte de Mario, un portafolio marca “samsonite”. Era de color gris claro,   de un material similar al plástico  sumamente duro y resistente. A pesar de estar todo raspado y tener quemaduras de cigarro para mí era lo máximo.

¡Que felicidad ir a la secundaria!

 Escribir todo con mayúsculas. No eres niño, no eres joven. Crees ser adulto, mejor dicho, quieres ser adulto, sin embargo  aun no comienza la pubertad.

Para esta nueva aventura, quería comprar unos anteojos transparentes y parecer todo un ejecutivo, aunque con agujeros en los zapatos, el pantalón re-cosido por todas partes, el suéter roto y desde luego el portafolios.

Como fuera, me sentía muy importante.

Para algunas cosas no teníamos que esperar tanto para poderlas compartir,  este fue el caso de una flauta.

 En la educación media superior coincidí con mis hermanos; Mario y Teresa.  Así,  según nuestro horario nos turnaríamos este instrumento.

La clase de música la tendría  los martes y jueves, después del receso,  impartida por el profesor Hugo Pedro Grassie Galván. Un hombre de unos 38 años, delgado, sumamente blanco, ojos negros y rasgos faciales casi femeninos, 1.85 mts, labios siempre rojos que resaltaban una radiante sonrisa, además,  siempre vestía un pantalón negro, camisa blanca y zapatos negros. Simplemente… im-pe-ca-ble.

La primera vez que vi un cuaderno pautado pensé  --¿Para qué es esto? ¿Aquí como  voy a escribir ?--  Las incógnitas pronto se despejarían…
 Así por fin llego el día de la primera clase, con mi flauta en la mano, el cuaderno bajo el brazo y las dudas  por resolver, mis compañeros y yo, nos dirigimos al salón de música.


 Al llegar observe seis hileras de bancas y   cada una de estas  tenia un numero, el maestro nos indico que según el numero de lista ese seria nuestro lugar. Una vez en instalados, con una voz recia pero aterciopelada se presento así mismo;


 Mi nombre es Hugo Pedro Grassie Galván,  voy a impartir la clase de música por favor guarden silencio y escuchen…


Se levanto de su escritorio, camino  hacia  el piano que se encontraba en una esquina del aula, levanto la tapa que cubre el teclado y comenzó a tocar. De la expectación pasamos a la tranquilidad, al asombro y luego al éxtasis.
 Con una ejecución impecable de la sonata “claro de luna” de Beethoven, este peculiar hombre, se gano nuestra admiración y sobre todo el respeto. Fue el único maestro que jamás se le puso apodo alguno. Además, su método de enseñanza era a prueba de tontos, es decir, no existió alumno que no aprendiera. El nos introdujo al maravilloso mundo de la música; Do, re, mi, fa, sol, la, si. Según nos dijo, las notas, son el a, b, c, de la música, así de sencillo. Fácilmente  nos enseño a leer y a escribir las partituras musicales;  ahora sabía como usar el cuaderno.

Cada que nos enseñaba una nueva canción  nos  daba una breve explicación de la misma; autor, lugar y año, además de ejecutarla antes de que nosotros la aprendiéramos. Creo que así aumentaba el interés en nosotros.

Una pieza que se convirtió en una de mis favoritas fue “La Bikina”…

Según nos conto, en una soleada tarde de playa en Acapulco, el compositor mexicano “Rubén Fuentes”  paseaba su mirada entre las bañistas de apretados bikinis. El sol rayaba el todo lo alto, a su lado, su hijo Alejandro y a escasos metros su entonces esposa, la actriz “Martha Roth”. Ansiaba el compositor tomar algo refrescante, pero recibía un arsenal de preguntas de su heredero. Transcurría el año 1964 y era la primera vez que su hijo veía el mar y sus pies gozaban de la cálida arena.
El menor, acostumbrado siempre a ver a las mujeres de vestidos largos, observó a estas, en diminutos trajes y le preguntó a su padre porqué llevaban tan poca ropa, este, le explicó que iban con un traje  llamado “bikini”, pero el niño le comentó que tratándose de mujeres debía llamarse “Bikina”. El cadencioso paso de una mujer de la que Fuentes no le desprendió la vista y el nombre que le dio su hijo dieron pie a una de las más hermosas canciones: “La Bikina”…

Otra versión indica que “La Bikina” está inspirada en una leyenda de la época de los Cristeros, que supuestamente ocurre en el Estado de Jalisco, en un pueblo encerrado entre Los Altos.

 “En una noche de tormenta, cruzó por el espacio un lucero luminoso, que fue a chocar contra la cima de un monte, un campesino que había seguido la trayectoria del meteoro, corrió hasta donde supuestamente se había estrellado y cuál fue su sorpresa al ver que en el lugar se hallaba una recién nacida abandonada a su suerte.
El indígena la recogió y la llevó a su choza, su mujer la atendió cariñosamente, inclusive la amamantó, ya que acaba de ser madre apenas hacía dos meses. Pasaron los días y el campesino fue a contar al Padre lo que había ocurrido, pues quería un consejo para resolver qué hacer con la pequeñita, inclusive tenía miedo de que lo acusaran de robo o algo parecido.
El sacerdote decidió anunciar el hecho por si alguien sabía sobre los padres de la niña, pero no hubo respuesta alguna, en vista de lo cual, la depositó en un convento cercano con las madres Carmelitas.
La niña creció entre las monjas y cada día sus ojos azules resaltaban más ante la negrura de su cabellera, se iba tornando de una extraña belleza, le habían bautizado con el nombre de Carmen y se dedicaba a las labores propias del lugar, pasó el tiempo y un día la paz del apacible convento se vio alterada por un tiroteo feroz, las monjas corrían por los jardines y trataban de esconderse sin encontrar donde, de pronto cayó la superiora por un tiro en la cabeza cuando trataba de impedirles el paso.
Carmen, resultó el blanco de los hombres, que al verla se quedaron prendidos de su belleza, uno la tomó en vilo y la sacó del lugar y se la llevó. Era el capitán Humberto Ruiz. La chica estuvo inconsciente durante días, la fiebre hizo presa de ella, era su estado emocional lo que la tenía tan desgastada, encerrada 17 años, sin saber de la vida y de pronto había sido ultrajada, sin entender siquiera qué le había ocurrido, sólo sabía que prefería morir antes que seguir aquel martirio y como una defensa a la naturaleza, permanecía inerte.
Despertó por fin y lo primero que vio fueron los ojos de Ruiz, quien le devolvió una sonrisa al verla volver en sí, ella trató de incorporarse y él no se lo permitió, le trajo agua y con dulzura le limpió la frente con un pañuelo, así estuvieron por días, él amable, atento y servicial, no la tocaba mas que para acomodarle la almohada o para darle de comer y asearla un poco, no hubo el menor diálogo entre ellos, se diría que no existían las palabras, el intentó romper aquel silencio, pero parecía muda.
Pasaron 3 estaciones y llegó el invierno, el capitán la cargó y la llevó a otro lugar más acogedor, allí ante las llamas de una chimenea campestre, le besó las manos y llorando le pidió perdón, salió dejándola sola para siempre.
Carmen olvidó su nombre y todo lo relacionado con su persona, alguien le puso “La Bikina”, caminó por varios pueblos y haciendo trabajos domésticos se mantenía, ningún hombre podía acercársele, respondía como una fiera ante cualquier insinuación y se daba a respetar, pero intrigaba su soledad y su mutismo, el destino la puso nuevamente frente a Ruiz y en esta ocasión, ella le sonrió, no le dijo nada, pero aceptó caminar su mismo rumbo.
Vivió una noche de amor incomparable y ya para el amanecer salió del lugar subió a la montaña y como la última estrella de anochecer se perdió en el firmamento”...

Así con este tipo de enseñanzas maravillosas, Hugo Pedro Grassie Galván, transformo mi vida e hizo que naciera en mí una gran sensibilidad hacia la música,  que dicho sea de paso, me ha acompañado en muchos episodios de mi vida.

Todo esto lo viví con mis hermanos y hoy con cariño lo comparto contigo…

Treinta años después aun recuerdo a mi maestro “Hugo Pedro Grassie Galván”  lo hago con profunda admiración y absoluto respeto.

 Gracias por todo maestro, muchas gracias, en donde quiera que este usted.

Y por cierto…

A  “La Bikina”  la llevo grabada en un lugar  especial en mi corazón.







jueves, 5 de mayo de 2011

10 dias


10 días

 Alguna vez escuche que olvidar es una bendición. 
¿Cuantas veces los malos recuerdos nos agobian en algún momento de la vida?  Se que es cuando el animo lo traemos muy abajo, sin embargo a veces la mente se desconecta en automático para no hacernos sufrir, y borra toda información posible…

Tenía una gran afición por coleccionar discos de acetato ó vinil  pues en sociedad con mis primos Sergio y Rogelio armamos un equipo de sonido. La verdad es que inicialmente pretendíamos hacer tardeadas al estilo  “polimarchs”, sin embargo, terminamos como muchos, amenizando bodas, XV años, bautizos y a veces no sabíamos ni que celebraban.

Una vez, amenizando un bautizo, mas o menos como a las 2.30am,  un viejo loco no nos dejaba ir, se encerró con nosotros en una habitación y a punta de pistola (una 38 súper)  le pusimos la misma canción como 20 veces, como sea, el punto es que empecé a coleccionar discos, los originales eran caros, de los importados ni les digo...

Había una tienda en república del salvador (esto es en el centro de la ciudad de México) se llamaba discos “Ger”, su especialidad era música Hi energy  y  surtía de música a los grandes equipos de sonido.  Todos los lunes recibían las novedades, muy temprano nos teníamos que formar y esperar a ver que discos nos dejaban. Otra opción era comprar discos piratas o clonados en Tepito.

para celebrar mi cumpleaños numero 16 tenia grandes planes...

Recuerdo que lo estuve planeando en mi mente toda la semana.
 -- A ver… me voy en el microbús que va al metro hidalgo, me bajo en el eje de mosqueta, tomo el otro “micro” que va al metro puebla, me bajo en “aztecas” y directo a la rinconada de tepito...

Llego el sábado y al despertar tenia un ánimo inusual, estaba alegre, tres días antes había sido mi cumpleaños 16 y hoy por fin tendría mi “regalo”.  Me puse un pantalón negro de una tela parecida al satín, una camisa color vino de manga larga, unas botas de piel hasta las rodillas y una gabardina verde (que aun conservo). Era todo un ritual. Quienes fuimos jóvenes alla en los inicios  de los 80´s  recordaran que así se vestían los llamados “disco-locos”.

Cuando llegue al “barrio” me sentía como pez en el agua, ahí tenía muchos conocidos, ya  que siempre me ha gustado hacer amistad con todas las personas. Así  en la rinconada, me interne en el mágico mundo de la música disco.

-¡Hola Max, buenos días!
-¿Que hay mi Greñas? (en aquel entonces así me decían)
-¡Pues  aquí a ver que novedades tienes!
- Mira tengo estos seis estrenos, escúchalos a ver que te parecen-

Continuamos platicando como 2 horas. 

Salí de la tienda como a las 14.00 pm.

 Me regrese por la calle que de aztecas y en la esquina del eje 1 norte, el semáforo nos indicaba “alto”, así entonces una gran cantidad de gente se aglomero en esa esquina.

“Y sueña con escenarios,
mientras le cambia la luz del rojo al verde
no hay mucho tiempo para soñar.”   
Franco de Vita.

Así con mis sueños bajo el brazo, imaginaba como disfrutarían mis fans cuando escucharan esta música. Nunca vi que la luz verde cambio en el semáforo y con esto las personas comenzaron a avanzar. Ese cruce en Tepito se caracteriza por el gran tráfico humano y también por que los automovilistas no respetan las señales de transito. El movimiento de las personas me sacudio, sali de mis sueños y yo también  comencé a caminar.  Yo venia casi  al final del contingente que pretendía cruzar la calle.
Faltaban unos cuantos metros para llegar ala banqueta cuando mil gritos me hicieron voltear a mi derecha, la cuestión fue que la gente horrorizada vio que un auto a gran velocidad se dirigía hacia alguien… 

Ese alguien era yo.

Un rechinido de llantas, acompañado de ese característico olor a quemado, mas un empujón que me hizo volar por el aire, me hizo tomar conciencia de que me habían atropellado, tan consiente estaba, que el horror de saber que quizás moriría me hizo gritar de una forma desgarradora. El gran impacto me hizo volar por los aires. Al ver que eminentemente   mi cabeza se estrellaria contra el pavimento, trate de poner mis manos pero la fuerza del impacto hizo que se me doblaran como un trapo, Primero se  estrello mi frente,  sentí un terror indescriptible, sentí como si explotara mi cabeza y un zumbido enorme inundo mi ser,  al final , termine rodando y quede boca arriba…

--¡Nunca vi que el cielo fuera tan grande!— Eso pensé, fue un segundo en el que dije, ¡Ya pasó, ya pasó y estoy bien! ¡Estoy bien! Fue una sensación de enorme tranquilidad. 

Por unos segundos vi la inmensidad del cielo azul.

 Observe las nubes, las vi  moverse len-ta-men-te.

 Una a una, las personas se acercaban a mi 
-- Joven, joven, ¿esta bien?-- dijo una señora.
 Sentí mucha dificultad para respirar y era por que me estaba ahogando. Me estaba ahogando con mi propia sangre…

--¡Que enorme es el cielo…. que grande se ve la gente desde aquí!-- Pensé.

Trate de sonreír  a las personas que me rodearon. Un hombre  se acerco, me miro a los ojos, me sonrio, puso una rodilla al suelo y movió mi cabeza  de lado para que la sangre de mi boca cayera al piso. Mi respiración comenzó hacerse cada vez más rápida, mi corazón empezó a latir sin control,  tras un gran suspiro, mire al cielo, mire a las personas a mi alrededor y  mis ojos se cerraron,  no supe más…

Recuerdo que estoy en una habitación muy grande recostado en una cama, de hecho hay muchas camas pero están vacías. Está muy obscuro, quizás sea de noche por que   tengo mucho frio. Recuerdo que una mujer me esta dando de comer gelatina en la boca… un hombre me esta bañando… un par de jóvenes me suben a una combi… un chofer me dice a gritos --¡Aquí me dijeron que te bajara chavooo!—

A grandes pasos reconozco el  lugar por donde camino. Ahora por fin  camino a mi casa, nuevamente,  con mis sueños bajo el brazo y el viento hace que mi gabardina revolotee sobre mi cuerpo como lo hace una bandera. Como si yo fuera el mástil. Se respira mucha humedad en el aire, el cielo esta nublado y comienza a llover. Son aproximadamente las 18.00pm. Como siempre, para entrar a  casa salto la barda. Paso al baño, hago lo propio,  jalo la palanca del retrete y me lavo las manos, al levantar mi vista observo mi rostro…

Tengo negros mis ojos a causa del derrame que por los golpes  sufrieron, mis parpados están morados, veo que hay  raspones en casi toda mi cara incluso en la lengua, al hurgar mi nariz, encuentro algunas costras de sangre,  mis manos y brazos  igualmente están muy dañados, mi pantalón y camisa están hechos pedazos, traigo unos tenis que por cierto me aprietan y mi gabardina esta muy ensangrentada. Nuevamente me mire al espejo, quise sonreír pero el dolor no me lo permitió y comencé a llorar. 

No se cuanto tiempo estuve llorando.

 Entre en la ducha y mis lagrimas se confundían con el agua. Casi no tenia fuerza para tallar mi cuerpo, con tantos golpes y raspones lo único que hice fue solo enjabonarme, me vestí y me fui a la cama. El dolor y sufrimiento me pusieron a dormir profundamente.

Súbitamente mi Padre me saco de mis sueños…

-¿Donde estuviste hijo de tu madre?  ¡Mira nada más que chinga te arrimaron!

Comenzó a darme una golpiza y a insultarme sin parar hasta que mi madre lo detuvo, como pudo lo jalo y lo retiro. Comenzaron a discutir en la sala. Mientras eso sucedio yo parecía zombi, no sentí sus golpes  ni sus groserías me hicieron daño, ya había sufrido demasiado y no sufriría mas...

Me atropellaron el sábado 11 de enero de 1986, y regrese a casa el martes 21 del mismo mes, fueron 10 días de los que solo tengo los recuerdos  que antes relate.
Se que alguien llamo a los servicios de emergencia. Se que un grupo de médicos me salvo la vida. Se que unas enfermeras me cuidaron, alimentaron y estuvieron al pendiente  de mi durante esos10 días e incluso alguien tomo mis discos los subió a la ambulancia y los resguardaron muy bien, pues llegue con ellos a casa…. 

Lo que no se es ¿Quién?

Eso no lo se.

Hoy quiero darle las gracias a todos aquellos que de una u otra manera salvan vidas, paramédicos, enfermeras (os), médicos, policías,  incluso aquéllos que al observar un accidente lo primero que hacen es llamar a los servicios de emergencia y exponiendo su vida tratan de hacer algo por alguien que no conocen.

 “Gracias, mi eterna gratitud para todos ustedes”

Algunos recuerdos son dolorosos y olvidar puede ser una bendición, 10 días de mi vida se me extraviaron, pero a cambio, dios me dio muchos años de dicha y felicidad.


martes, 3 de mayo de 2011

jueves, 28 de abril de 2011

Un domingo mas



Un domingo más

 Tener un negocio familiar algunas veces tiene sus beneficios, así que este domingo como a la 5 de la tarde decidí que era tiempo de cerrar e irme a descansar.  De regreso a casa Eva, Denise y yo, hicimos una breve escala y  pasamos a una tienda comercial que se llama Cotsco, allí, compramos una especie de tortas que se llaman chicken-bake, ¡Ahhh que cosa, saben delicioso! En esa área de  comida al pagar tu soda  te dan un vaso y te puedes servir las veces que gustes, fue vaso tras vaso, uno después de otro. Declaro públicamente mi adicción a las gaseosas. Al terminar nos fuimos directamente a casa. Llegamos  como a las 6.30 pm y  mi hija Alison ya estaba dormida (en la camioneta) yo apenas toque la cama y a dormir.

Mis hijitos, Alison y Luis me despertaron como a las 8.30 de la noche...

-- ¡Papi, papi, por favor llévanos a la feria! ¡Ándale papa llévanos a la feria! ¡Órale! ¡No seas así!--
Pues  resulta que este domingo se festeja al santo local '' San Lorenzo ‘‘yo no estaba muy convencido de ir  ya que solo son juegos para niños, sin embargo, “mis niños” me convencieron y ahí te va el papa que lleva a sus chavos a la feria…

Mi hijo Luís Alberto tiene 23 años, Alison Denise 14  y mi esposa  Eva  tiene (¿?)  Así que juntos y  a pie nos dirigimos  a la feria. Vivimos al final de una gran pendiente, así que hay que recorrer una gran subida, sin embargo el esfuerzo tuvo su recompensa, así como llegamos al final de la subidita, me esperaba un oasis de sabor. Un puesto de Cervezas preparadas (micheladas),  había como 10 hieleras todas al tope de cervezas y hielo,  Sol, Indio, Corona, León  --¡Madre  mía!-- Exclame en silencio, pues parecía niño chiquito en dulcería.

- ¡Dame, dame, dame!— Le pedí a un joven que atendía ese puesto.
- ¿De cuál le doy?—Me contesto con desgano el muchacho.
- ¡De la que sea pero rapidito, que me vengo muriendo!- Dije en tono de broma.
- ¡Sale una Leooooooooón!

Extendí mis dos manos que ya temblaban de ansiedad, mis ojos se iluminaron y por fin recibí  “mi regalo”
--¡Ayyy ma-ma-ci-ta que a todo dar!-- glub, glub, glub...

Así,  hidratado y  en terreno horizontal, entre una gran cantidad de personas nos dirigimos hacia la iglesia, habría que recorrer cuatro calles de 70 metros de largo y 10 mts de ancho. Los colonos afuera de sus casas  ponen un puesto de lo que sea o rentan ''su lugar'', había de todo, pambazos, tacos, elotes, enchiladas, quesadillas, en fin todo tipo de antojitos mexicanos  y por supuesto más cervezas.

Los vecinos adornaron  las calles con papel picado y banderolas de papel china. La avenida entera vestía colores brillantes, rosa, amarillo, verde, morado, azul y blanco, así, el ambiente festivo inundaba el ánimo de las personas,  mi familia y yo disfrutábamos entre risas y mordiscos a un elote  la verbena popular.

Ya casi para llegar a la iglesia, y dos cervezas mas en el estomago,  se veía un templete con un grupo norteño,  '' Los cadetes de linares ''  --¡Órale!-- exclame sin que nadie lo notara. De pronto el contingente humano nos impidió caminar mas, desde donde estábamos  al escenario  había una distancia como de 150 mts. y  no cabía un alma más en ese sitio,  el castillo (de juegos pirotécnicos)  quedo como a 10 mts de nosotros, una guerra de comentarios  por parte de mi familia llego a mis oídos mientras no dejaban de jalar mi ropa…

--¡Aquí vamos a quedarnos! ¡No seas así!  ¡Queremos ver el castilloooooó! ¡Ándale Papaaaa!--

Y si, allí nos quedamos, disfrutando bailes norteños, música de banda y más cerveza.
Repentinamente un gran estruendo hizo que todos guardaran silencio, los fuegos artificiales hicieron su presentación. Una bomba ilumino el cielo de un color rojo intenso por completo, la expectación de los allí presentes llego al límite. Por fin iniciaría la quema del castillo. Un osado y diminuto hombre trepó la estructura de madera y prendió una mecha, el sonido ensordecedor de los chifladores que hacían girar unas ruedas cautivo a toda la gente, que a su vez, guardo un gran silencio  mientras sus rostros eran iluminados de diferentes colores. Unos hombres abrasaban a sus bebes, otros a sus esposas y uno que otro enamorado le declaraba su amor a la novia, yo simplemente tome un gran sorbo de cerveza. Seis tronidos espectaculares llenaron el cielo con un millón de luces multicolor, Inmóviles, mirando al infinito, con la nuca en la espalda y la boca abierta, todos disfrutamos aquel singular espectáculo, otro gigantesco tronido pareció partir en cielo, se escucho ¡Boooom!  y otra vez se hizo un gran silencio, el cielo se ilumino por completo y miles de voces al mismo tiempo decían  ¡Aaaaaahhhhhh! un trueno mas  ¡ Booooomm! ¡Aaaaaahhhhhh! ¡Booooomm! ¡Aaaaaahhhhhh! Así finalmente llego el clímax, en  lo alto del castillo con luces-multicolores se formo la frase:

-- ¡Viva San Lorenzo!--

Las campanas no dejaban de repicar, la banda tocaba fanfarrias sin cesar y la gente allí reunida comenzó a aplaudir con un ánimo y emoción indescriptible.

 Yo soy muy bueno para calcular cuantas personas hay en un determinado lugar, así que sin lugar a duda habíamos unas 10,000 personas esa noche allí.

El 80 % eran familias es decir padres e hijos, el resto eran jóvenes que simplemente son amigos.

Al terminar el espectáculo,  el rio humano comenzó a dar marcha atrás, todos a sus casas, contentos y felices.

Para mí los santos son Ángeles que Dios nos da para nuestra protección, alguna vez escuche que son legiones.

Este domingo, San Lorenzo en su aniversario, no curo enfermos ni mitigo penas, este domingo, logro que muchos hermanos otra vez se abrasaran, que las familias se unieran, lleno de alegría miles de corazones e  hiso que por unos instantes olvidáramos nuestras penas.

Y por eso doy gracias a Dios.

 Se que este, no fue  un domingo mas....
Fue uno de los mejores.