viernes, 19 de agosto de 2011

Una noche mágica.

 
  Al abrigo de la noche, con la luna como testigo de su desesperación, una pequeña mujer corre a toda prisa en la obscuridad del bosque, es la princesa Alison. Solo tiene en mente una cosa: encontrar con vida a su amado Rubén. Entre arboles, a través de una estrecha vereda, levanta su vestido con ambas manos y corre con loco frenesí. Siente que  su corazón sale del pecho. Sabe que asesinaran al amor de su vida. Resuenan en su cabeza las palabras de uno de sus fieles sirvientes – ¡Princesa, escuche con atención no tengo mucho tiempo, el rey se entero de su amor secreto y ha ordenado la muerte del joven Rubén  a manos del hechicero, ya  le envié un mensaje   y te vera en lo alto de la montaña para que puedan escapar! – Momentos después, la princesa, se entero que su sirviente había sido torturado y asesinado por el rey, sabía entonces que no tenía mucho tiempo.

Así con ese pensamiento seguía corriendo.  Entre los arboles, vio en lo alto de la montaña cuatro antorchas que avanzaban rápidamente.
Era el malvado hechicero.  Habían sido descubiertos.
Sin dejar de correr, como pudo, se quito las zapatillas y apresuro sus pasos. Levanto aun más su vestido para apresurar su carrera.  De vez en cuando con sus manos limpiaba sus ojos, pues  abundantes lágrimas  empañaban sus ojos.

Al llegar a lo alto de la montaña,  al borde del precipicio, Rubén  se defendía de cuatro hombres encapuchados que con sus antorchas trataban de arrojarlo al vacio. Un grito desesperado emergió de los labios de la princesa.

--¡Rubeeeeen, Rubeeeen!-
--¡Vete, vete, huye, yo te alcanzare en el rio, veteé!—Grito el hombre desesperado mientras con su espada  defendía su vida.

El hechicero aprovecho la oportunidad y tomo por el cuello a la princesa, con su voz ronca y sepulcral dijo;
--¡Basta, es suficiente de juegos!— Sus sirvientes se replegaron tras el hechicero y se hiso un silencio…  un largo silencio…

Rubén sangraba por la boca, sus ropas estaban desgarradas como signo de una gran batalla librada,  a pesar de sus múltiples heridas saco fuerzas de su interior, jadeando,  con dificultad para respirar, blandiendo en lo alto su espada,  encaro a su malvado enemigo.

--¡Suéltala, el rey ordeno mi muerte no la de ella, suéltala!--
--¡jajajajaja! ¿Estás loco? ¿Sabes quien soy yo?— Dijo “Sorlac” el hechicero, al mismo tiempo que de su mano derecha  salía un gran rayo que ilumino parcialmente la montaña e hiso retroceder a Rubén casi al borde del precipicio.  --¡Salta, te dio la oportunidad, salta al vacio y le perdonare la vida a la princesa!—

Sorlac  apretó fuertemente el cuello de la damisela, mientras que ella con ambas manos trataba inútilmente de escapar.

Rubén miro hacia atrás, vio un enorme y obscuro vacio, apretó con ambas manos su espada y encaro al hechicero y sus secuaces. --¡eso jamás, nunca, lo oyes, nuncaaaa!—

De su garganta emergió un enorme grito de guerra mientras corrió a enfrentar a sus enemigos.
Era el momento,  matar o morir.
A una orden, de Sorlac, los encapuchados se abalanzaron  sobre el y comenzó la feroz batalla. Decidido, Rubén, de un tajo corto la cabeza del primero un de ellos, con la mirada perdida,  encendida por la rabia, atravesó el pecho del segundo y a uno mas le corto el brazo derecho, mientras el ultimo de ellos le sorprendió por la espalda y lo derribo,  rodaron por el pasto, el rufián lo tomo del cuello pretendiendo ahorcarlo pero hábilmente Rubén logro zafarse y lo lanzo al precipicio.

 Cuerpos  ensangrentados y  antorchas quedaron el pasto. La luna iluminaba aquel claro en la cima de la montaña.
Rubén versus el hechicero.
El momento final había llegado…

Con la respiración agitada y arrastrando la espada Rubén reto al hechicero.
--¡Suéltala, o si no…!
--¡O...si no.. que!—Apretó el cuello de Alison, quien puso sus ojos en blanco y desmallo sus brazos sin fuerza alguna --¡ jajajajaja!  ¿Se te o olvida que soy “Sorlaaaac”, el gran hechicero? ¡ jajajajaja!—

 Con fuerza arrojo a la princesa sobre los arboles, se elevo en el aire unos cinco metros, mientras su figura comenzó a resplandecer, extendió sus brazos, los dirigió hacia Rubén y pronunciando un hechizo, lanzo un gran rayo azul, mismo que  ilumino el cielo y la montaña, de hecho el resplandor se pudo ver desde varios reinos cercanos.

 Una tétrica y lúgubre carcajada hizo eco al rededor.

“Sorlac”, triunfante se desvaneció en el firmamento.

La princesa  Alison, aturdida, se levanto apoyándose en un árbol, trastabillando, tomo una antorcha que aun estaba encendida y busco a Rubén.

Con enorme tristeza y dolor vio el cuerpo inerte de aquel valiente que se atrevió a amarla, que  por amor enfrento al temido hechicero, que por amor,  había perdido la vida.

 Llorando amargamente, de rodillas,  se postro junto a el, tomo la espada y mirando al cielo, sin pensarlo, atravesó  su cuerpo, así emprendió de la mano de Rubén su camino al mas allá.
Donde se amaran por siempre…

Esto fue lo que vi en una representación a cargo de mi hija Alison Denise y sus chambelanes, el sábado 13 de agosto de 2011  durante la celebración de su fiesta de XV años.

 Fue algo maravilloso ver como a través de coreografías y música se represento esto en una pista de baile ( al menos eso fue lo que yo vi ) al ritmo de “Los reyes de la noche”. 

Todos nos sorprendimos, supe de una mujer que se enojo cuando el “hechicero” aventó a mi hija al suelo, por poco se levanta a golpear al chambelan.
Fue una fiesta que jamás olvidare. Se que Alison tampoco. Quince años espero esta noche. La espera valió la pena y el sueño  se hizo realidad. De verdad parecía una princesa.  La cena fue exquisita, un grupo norteño, no podía faltar el  “D.J” tequila y diversión, muchísima diversión.
Este día, 13 de agosto de 2011  , vivirá por siempre en la mente de Alison Denise,  no solo por que estaba rodeada de sus verdaderos amigos y familiares, sì no, porque sabe que todos ellos la quieren. Sabe  que siempre estarán con ella. Siempre a su lado.

Me gusta hacer amigos en todas partes, me gusta ser reconocido como una persona moralmente solvente, soy confiable, responsable y tengo ambiciones. Trato de ser una persona  en quien se puede confiar.
Alison Denise es igual que yo.
Caminar solos por la vida es lo peor que podemos hacer.
Siempre es bueno saber donde hay un oasis en el desierto.
La verdadera amistad es como un gran árbol,  llagado el momento, nos brindara sombra y frescura en el día mas soleado.
Alison, a su corta edad,  tiene ya sembrado un gran bosque lleno de árboles…

Dedicado con todo mi amor a la flor más hermosa que Dios puso en mi jardín.
Para ti…
“Ali”










miércoles, 10 de agosto de 2011

Una torta.

Salí a comprar una torta pues tenia hambre y antojo. Llegue al local ( de las tortas ) y pedí;
--Me da una "Caprichosa" con rajas.
--¿Con todo?
--Si.
En esas estábamos cuando de repente llego un hombre que vestía un traje azul, portafilio, zapatos relucientes y un aroma a Calvin Klein...
--Disculpe ¿que y que le pone a la torta de "Pierna"?
-- (?)..¿A la de pierna?... pues "pierna".
-- Es que en otros lugares les ponen jamón y piña.
-- ¿Quiere Ud. que le ponga algo mas a su torta?
-- ¡No, solo la quiero de pierna!
-- ¡Sale!...preparando una de pierna...
-- ¿Oiga pero, que y que le pone?
-- (?)...¿Quiere Ud. que le ponga algo extra a su torta de pierna?
--¡No, ya le dije que en algunos lugares les ponen piña y jamón, y yo la quiero de pierna!
-- ¡Ya le dije que solo le ponemos pierna! ¿Se la preparamos?
--¡No, mejor no, que tal si le pone jamón y piña, y a mi eso no me gusta!
Aquel hombre, muy enojado, se dio la media vuelta y se fue…
Dos cosas aprendí.
1.- Tener apariencia de hombre culto, no significa que lo eres, tienes que demostrarlo.
2.- Invariablemente, la torta de pierna, solo lleva pierna… ó quizás… ¿le pondrán jamón y piña?


domingo, 24 de julio de 2011

El callejon.

  

  
Camino sin rumbo en la obscuridad de la noche. Ya tengo algo de sueño, quizás duerma otra vez en el callejón de siempre. Desde que me fui de casa ese lugar ha sido mi refugio. Mi nuevo hogar. La verdad esa ya no era vida. Todos me ignoraban, poco a poco deje de interesarles, hasta llague a acostúmbrame. Lo ultimo que soporte fue una golpiza que me dio Rogelio. Estaba yo dormido, Rogelio llego muy borracho y sin previo aviso comenzó a patearme. Salvajemente lo hiso, sin decirme nada. Solo me pateaba una y otra vez. Como pude escape de casa y corrí hasta que no pude mas.

Así fue que decidí  no regresar. Nunca más. Para comer he mendigado en basureros, he bebido agua de los charcos, incluso duermo en la calle.  No me importa, esto es mejor que seguir en esa casa.

En un callejón encontré una cama de cartón, quizás de otro huésped-viajero. Aunque hay ratas tenemos un  pacto, ellas no me hacen nada y yo tampoco.

Esta noche esta algo fría. Ya comenzó a llover. Los relámpagos iluminan mi “callejón” al igual que a mis ojos. El constante ruido que producen las gotas de agua al estrellarse en el suelo comienza a arrullarme. Tengo hambre, mucha hambre.  Hace dos días no he comido. Es mejor dormir. Mañana será otro día y quizás tenga algo de suerte.

Un fuerte tronido me saco de mis sueños ¡¡puummm!! Rápidamente me incorpore y me puse en alerta. Un hombre entro corriendo perseguido de dos más, que, con pistola en mano se quedaron en la entrada…

--¡Estas perdido infeliz, estas en un callejón, no tienes salida!— Grito uno de ellos; el más gordo.
--¡Jajajajaja, estas bien wey, la neta salúdame al diablo, jajajaja! — Dijo con una voz ronca el segundo de ellos.

Comenzaron a avanzar mientras nos apuntaban con sus pistolas. Aquel hombre y yo lentamente retrocedimos hasta que la pared quedo a nuestra espalda. No pudimos hacer más. La muerte se acerco de la mano de dos hombres y pude verle a los ojos. Los maleantes se detuvieron a unos dos metros de nosotros. Como un ballet mortal que sucede en cámara lenta, al mismo tiempo, levantaron sus armas y jalaron el gatillo, en ese instante yo cerré mis ojos y  la obscuridad del callejón fue brevemente iluminada por ese par de relámpagos mortales. A mis pies cayo el cuerpo de aquel desdichado, me postre ante el y quise hacer algo, mas un arma me lo impidió, en eso escuche…

--¿Y con este, que hacemos? ¿Nos lo echamos?
--¡No... déjalo... el que nos importa ya esta muerto! — Al mismo tiempo que acciono nuevamente su arma para rematar a su antiguo enemigo.

Nuevamente la luz mortal  ilumino mi “hogar”.

El mas gordo de ellos guardo su pistola entre su pantalón y saco una cajetilla de cigarrillos, le ofreció a su compañero y comenzaron a fumar. Yo seguía de rodillas, por el miedo estaba inmóvil, permanecí junto al cuerpo inerte de aquel desafortunado hombre  mientras vi alejarse tranquilamente a ese par de asesinos.

Afuera continuo la lluvia  y un trueno me hiso reaccionar.

No se cuanto tiempo paso, de repente estaba caminando por una obscura calle. La pertinaz lluvia empapa mi rostro. Vi un árbol en donde podría descansar y de inmediato me quede dormido.

Los cálidos rayos del sol que logran pasar entre las hojas de aquel árbol anunciaron el fin de mi descanso. Un gran bostezo y unos cuantos estiramientos son suficientes para iniciar el día. Comencé a caminar en busca de algo de comer. Al pasar cerca de una casa vi mi figura reflejada en una puerta de aluminio y vi que tenia manchas de sangre en varias partes de mi cuerpo, recordé de pronto la noche anterior, lo que pensé era una pesadilla en realidad había sucedido.

Por instinto corrí hacia el callejón, no se para que, pero quería ver “la escena del crimen”.

Corrí tan rápido como pude. Mis pensamientos estaban confundidos. Tal vez viendo el callejón recordaría todo. Mi loca carrera fue abruptamente interrumpida por el fuerte sonido de un claxon más el rechinido de unas llantas. No tuve precaución al cruzar una avenida y por poco fui arrollado por una camioneta. Quede inmóvil, ese desagradable olor a llantas quemadas y el polvo dificulto mi respiración. Estaba en el suelo pero no me había pasado nada, que suerte la mía.

 El susto hiso que me desvaneciera len-ta-men-te…

Solo alcance a ver un hombre que rápidamente bajo de la camioneta, alto, blanco, usaba lentes, con mucha delicadeza me tomo en sus brazos y no supe más…

--¿Tiene sangre?- Pregunto el chofer.
-- Si, pero no es de el— Contesto el hombre que viajaba en la parte trasera.
-- Entonces...¿A donde vamos? – Dijo el conductor al mismo tiempo que observo el retrovisor.
-- A casa... a casa por favor.

Desperté en una casa grande; en una gran cama, suave como el algodón. Con cautela me moví por aquel lugar. Cerca de mi estaba un gran plato de comida y agua  ¿Cuanto tiempo tenia que no comía de esa forma?  La verdad no espere invitación alguna y en solitario me di un gran banquete. Regrese a mi cama satisfecho. Escuche un ruido y de repente apareció ella.

--¡Hola!— Me saludo con gran interés.
--¡Hola!— Respondí tímidamente y continúe — ¿Vives aquí?
-- Si, me llamo vianca.
-- Yo me llamo…
--¡Estopa!  ya lo se... Rubén me lo dijo.
-- ¿Estopa? ¿Rubén?—Conteste confundido
-- Jajajaja, mira, Rubén es el “jefe”, el te trajo y me pidió que te diera la bienvenida y como no sabíamos tu nombre tu puso estopa, jajajaja.
--Jajajaja, es que hace mucho no voy a la peluquería, estopa, me gusta  en fin, así sea.

Al día siguiente me llevaron al veterinario… ¿Por qué?... 


Pues por que soy un perro.

Los animales también sufrimos, sentimos miedo y tenemos sentimientos.  Al  principio nos tratan bien (nuestros dueños) pero los humanos creen que somos juguetes, cuando les aburrimos simplemente nos botan, nos matan de hambre. Terminamos amarrados con un laso. Enjaulados como criminales. Confinados en azoteas o de plano nos echan a las calles, estas, están llenas de peligros.


 Por naturaleza somos “El mejor amigo del hombre”  pero...  ¿Por que el hombre no es nuestro mejor amigo?

Todos los días hago ejercicio al lado del “jefe”. Salimos a correr muy temprano, además, juego en un gran jardín  con mi nueva amiga “Vianca”, creo que me estoy enamorando, jajajajaja.

Regularmente me llevan a la peluquería, después de un rico baño, cortan mis unas, limpian mis oídos y hasta perfuman mi cuerpo.

Las historias con final feliz si existen. La mía es una de ellas, de mendigo pase a millonario.

El mundo necesita mas personas como “el jefe”, gente que como el,  esta decidida a cambiar la sociedad en base a la labor altruista, se que el es así, y lo se, por que desinteresadamente me adopto.

Hoy nada me preocupa... mis días de dormir en las calles y beber agua en los charcos se terminaron.


 Nunca más tendré que mendigar  en la basura para poder comer.
Hoy soy feliz, inmensamente feliz.


martes, 12 de julio de 2011

Ángeles entre nosotros.



La rutina hace que todos los días nos parezcan iguales, esta, nos encierra y dejamos de apreciar todo cuanto nos rodea. Por alguna razón se nos olvida algo tan importante como el milagro de la vida.


Por razones de trabajo, tengo que estar yendo constantemente al distrito federal, específicamente al centro de la ciudad de México. Lo más sencillo es viajar en el tren suburbano, así, en 7 minutos estoy en Buenavista. También hay que hacer  uso del metro, un transbordo de estación y listo. La  verdad es que disfruto mucho hacer esto.

Se que a muchos les fastidia la muchedumbre, el calor, los empujones, pero a mi no me incomoda en lo mas mínimo. Abrirme paso entre grandes concentraciones humanas es mi especialidad.  Creo que ese es el punto, me gusta  estar cerca de otro ser humano, esto, me hace sentir mas vivo.

Disfruto  ver  a las personas a los ojos, brindarles una sonrisa, aunque la mayoría de las veces las personas se voltean o simplemente me ignoran.

Una cosa que siempre hago es ver que tipo de zapatos usa la gente, pues esto dice mucho de su persona. 

Los estudio meticulosamente, observo sus manos, las uñas, como es su peinado, en fin, cada detalle.  Así me doy una idea de su personalidad y de la probable vida que lleva cada individuo.

Una vez, vi un señor de unos 50 años de edad, moreno, sumamente delgado, usaba un short de mezclilla que parecía tener un mes que no se lo cambiaba, botas vaqueras, calcetas de las “chivas”, una camiseta blanca de algún grupo de rock, cabello y barba al estilo Marco Antonio Solís “el buki”, solo que con orzuela y un olor  a rayos. Tras observarlo un rato me hice esta pregunta ¿Por que las personas tienen miedo a cambiar, pero no les da pena seguir así?

En este constante ir y venir he visto de todo, personas extravagantes, nacimientos en la calle, balaceras, asaltos, intentos de suicidio, explosiones, muertes, temblores, choques, desnudos, pero nunca había visto algo así…

Eran las 15.30 pm aproximadamente, a esta hora el tren suburbano sale con pocas personas de Buenavista. Yo siempre viajo en el primer vagón, tome asiento del lado izquierdo, así el sol estaría a mi espalda,  como acostumbro dormir un poco, el suave calor de la tarde cobijaría mi cuerpo y arrullaría mi corto viaje. 

Frente a mi está una fila de cuatro asientos, estos, resultan muy incómodos pues las cuatro personas quedan sentadas frente a frente y fingen no mirarse entre si, pero todo el tiempo lo hacen, así que sin tener sueño disimulan estar dormidos y de reojo se van observando todo el tiempo.

 En esa sección quedaba un asiento disponible, este, fue ocupado por una mujer de unos 25 años de edad, traía unos tenis blancos de tela, noté  que los había cosido varias veces, pues los hilos de las costuras eran de diferentes colores, supe que recientemente se habían roto una vez mas, por que solo le dio tiempo de pegarlos con cinta. Vestía un pants rosa casi en las mismas condiciones que los tenis, debó aclarar que a pesar de estar muy usadas las prendas, estas, estaban limpias. El cabello lo traía bien peinado y sus uñas, aunque sin pintar, lucían bien.

En sus brazos cargaba un bebe de unos tres meses de edad, este,  traía ropa muy ligera y solo lo cubría una sabana casi transparente de tanto que a sido lavada.

Tras obsérvala unos segundos, vi un gran pesar en su rostro, fue cuando me di cuenta que traía un pequeño cilindro de oxigeno, estos, son de aluminio, miden como unos 60cms y traen una base que tiene ruedas y no pesan mas de unos cinco kilos, así entonces, con facilidad lo acomodo entre sus piernas.

Pasaron unos 30 segundos largos, muy largos, un gran silencio nos cubrió y así en silencio, el tren dio inicio su marcha.

 La mujer suspiro hondamente, cerro sus ojos y puso su mano derecha en la frente, enseguida cerro con fuerza su puño y lo llevo a su boca, abrió sus ojos, soplo con fuerza, como queriendo liberar  todos los problemas que traía en su interior.

Un mal presentimiento llego a mi mente. Rápidamente comprendí que el oxigeno era para el bebe. Una tristeza profunda invadió mi ser. Sin ser medico, era claro que si el bebe necesitaba oxigeno, era por que  tenia dificultad para respirar, entonces sufría de asma o enfisema pulmonar. Que difícil y mas para un niño de tres meses.

De pronto la pesadilla se hizo realidad. El niño empezó a manotear  desesperadamente y la cobijita fue a parar al suelo. La mujer, sobresaltada, busco en su bolsa con desesperación, rápidamente saco una manguera transparenté que con nerviosismo conecto al tanquecito, al mismo tiempo que su bolsa caía al suelo al igual que sus pocas pertenecías, mientras, el bebe no dejaba de agitar sus manitas, pues la vida se le estaba escapando.

Todo sucedió rápidamente, mientras los allí presentes, mirábamos con impotencia lamentando no poder hacer nada.

Cuando estuvo conectada la manguera, rápidamente la mujer puso el oxigeno en el pequeñísimo rostro del niño, en un instante, escuchamos un gran suspiro y un leve llanto.

Como sea, el bebe estaba respirando nuevamente… y nosotros también.

El niño se aferro a las manos de su madre, como agradeciendo estar vivo otra vez. Todos tragamos saliva y recobramos la calma.

 Particularmente sentí mucha angustia pues como todo ser humano no soy ajeno al dolor. Ver como se le escapa la vida a un niño, hizo que comenzara a dar gracias  a Dios lo afortunado que soy.

Quise hacer un espacio en mi mente y elevar una plegaria por esa alma que visiblemente sufría…

 De pronto, un hombre apareció de la nada, puso una rodilla en el suelo, tomo la cobijita, cubrió al niño y le dijo a su madre…

--¿Me permitiría hacer una oración por su hijo?—

La madre de este asintió afirmativamente con su cabeza, aquel hombre se postro de rodillas extendió sus brazos al cielo, con una voz suave y tersa pero decidida y firme comenzó a orar…

“Gracias te doy padre mío, por que al fin encontré a tu hijo que vivía en la obscuridad, permíteme guiarlo de vuelta a la vida y a la salud”…

Bajo los brazos, junto sus manos y las puso sobre el niño y continúo...

“Tu me enviaste a hacer estas cosas y este es el momento de hacerlas, para que los que están aquí presentes sean testigos de tu infinito poder y nunca se olviden de que estas entre nosotros”…

En ese instante sus manos y su cabeza fueron iluminadas por una deslumbrante luz blanca, así, elevo el tono de su voz y continuo…

”En este momento sean sanados tus pulmones, así como todo tu cuerpo y que tu mente olvide todo sufrimiento, en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo que así sea”…

Ahora puso una mano en su corazón y otra en la frente de la mujer y dijo…

”Que la paz sea en tú vida, que la tranquilidad llegue a todos tus días, cuida y guía esta vida que Dios esta poniendo en tus manos, nunca olvides que además de Dios, somos miles y miles los que siempre estaremos a tú lado…de eso no te quede la menor  duda… lo se por que el me envía…

Se levanto dio la media vuelta y lo vi desparecer.

En ese momento me di cuenta que, los que presenciaron esto, tenían los ojos cerrados, la cabeza baja y estaban llorando, de hecho yo también.

Esto transcurrió, entre la estación fortuna y Tlalnepantla. Al llegar a mi destino hombres y mujeres aun continuaban sollozando, yo estaba impactado.

Caminando hacia la salida, a cada paso que daba, no podía olvidar lo que había visto.  Se que nunca lo olvidare. Hoy mas que nunca estoy convencido de que Dios y sus ángeles están entre nosotros.

Los ángeles, para mi, son seres que han de cuidarnos y protegernos. Tal vez  todo el tiempo los vemos y nunca nos damos cuenta. Ellos hacen posible que, esté, sea un mundo maravilloso.  Por algún motivo nos empeñamos en destruirnos, en dañarnos mutuamente y dejamos de sorprendernos con el milagro de la vida.

Alguna vez viví un accidente de consideración, afortunadamente salí adelante, sin secuelas ni daños permanentes, hoy disfruto de cabal salud, no tomo ningún medicamento, tengo una vista excelente, fuerza y corpulencia, lo que quiero decir, es que, en general  estoy sano. Sin la ayuda de Dios y los ángeles no estaría aquí.

Se que el momento mas obscuro es antes del amanecer.

 Dios y los ángeles siempre estarán aquí entre nosotros.

Así ha sido, así es y así será…

Por los siglos de siglos.


domingo, 3 de julio de 2011

Alas y sueños.

A los 16 años me fui de casa. Sentía que me ahogaba. Me di cuenta que para hacer realidad  mis sueños tenia que estar  despierto. Como pude, hice unas alas, me las puse y aprendí a volar.

lunes, 27 de junio de 2011

Mis primos,las posadas y yo.



11 de diciembre de 1976, 10 pm. En algún lugar del área de comidas del mercado Filiberto Gómez, en Tlalnepantla Estado de México...

Todos corrimos a escondernos, mientras en una esquina recargado contra la pared, Sergio contaba rápidamente, 1, 2, 3, 4, 5,6...

 Las planchas de cemento en el área de comida del mercado nos sirven de “escondite”.  La respiración agitada a veces nos delata  o quizás un primo incomodo. Casi siempre es Rogelio.  Poco nos interesa si de pronto una rata corre entre nuestros pies  o si los charcos de agua hedionda empapan nuestras ropas. Lo importante es divertirnos…

--¡Una, dos, tres por  Margarita que esta atrás del tambo de agua!—Grito Sergio mientras corría nuevamente a la base.

Uno a uno fuimos saliendo de nuestros escondites.  Margarita sujetando la mano de María Luisa, Mario y Rogelio, al último Gerardo y yo.

--¿Por qué mejor no rompemos una piñata?— Grito Margarita mientras no dejaba de brincar y aplaudir.
--¡Si, sí, sí!— Fue la respuesta general  y nos unimos a su singular forma de celebrar…

El mercado  Filiberto Gómez de Tlalnepantla estado de México fue una muestra clara de las tradiciones mexicanas. Tenía para cada época del año una feria comercial  representativa; día de muertos, 10 de mayo, día del amor y la amistad, 2 de febrero, etc.   Los comerciantes de este mercado les llamaban “ferias”.  De estas ferias, la más larga, era la que corresponde al mes de diciembre.  Iniciaba el último martes de noviembre y terminaba el 10 de enero.

A principios de  los años 70´s  cuando comenzaban a armar los locatarios sus puestos sobre las calles alrededor del mercado, era como si se construyera una aldea. Padres e hijos con gran ánimo participaban. Se respiraba un ambiente de armonía absoluta, como si fuéramos una gran familia, ahora que lo pienso,  lo éramos.  Maderas de todo tipo, martillos, serruchos, clavos y láminas de cartón se veían regadas a todo lo largo y ancho de las calles.  El ingenio  de un padre era lo que único que se necesitaba para armar su puesto. Unos metros atrás, las madres, casi todas cargando un bebe,  observaban  y  de vez en cuando conversaban con sus vecinas.

Finalmente como si fuera magia, al amanecer todo estaba listo. Más o menos 300 puestos rodeaban el mercado.  Ahora, hacía falta algo, las mercancías. En cuestión de horas  se surtían  frutas, piñatas,  colaciones, peregrinos, en fin, todo tipo de mercancías de la temporada.  

De pronto, nos re-encontrábamos con nuestros primos que habíamos dejado de ver por un año. Esto era lo más novedoso y divertido.

 Al ser nosotros  unos chiquillos no teníamos muchas responsabilidades, así entonces, teníamos la tarde y parte de la noche libre, toda nuestra.  Los juegos clásicos no se hacían esperar. Las escondidas, el avión, las cebollitas, los encantados, en fin, la imaginación era el límite.

 Una que otra noche nuestros padres nos sorprendían con unos pesos y  corríamos a comprar cohetes. Los favoritos eran los buscapiés, pues una vez quemado  el cartucho, este,  seguía encendido y con el continuábamos encendiendo mas de ellos. Las luces de bengala, con su dificultad para encender, hacían que nuestra ansiedad se desbordara  al momento de ver nacer las “chispitas”,  el festejo no tenía igual, corríamos agitando los brazos en círculos entre risas y gritos.  Los cohetes blancos eran para los “mayores”, te aventaban uno y… a correr.

La verdad ahora que lo pienso esos años  fueron maravillosos.  Fue diversión absoluta.  Diversión sin límites.  Sé que carecimos de bienes materiales, pero nunca de un buen amigo. En mi caso el compañero de mil y un aventuras fue mi hermano Gerardo, apenas un año menor que yo.  Recorrimos el camino de la niñez juntos. Siempre de la mano.

Las jornadas de trabajo en el mercado eran verdaderamente extenuantes, eso sí, siempre a ritmo de “La Sonora Santanera  y Toni Camargo”,
Levantarse a las 4 am y acostarse a las 12 am.  Nos daba mayor margen de diversión. Por las noches se veían oleadas de niños  correr por la calle, entre los pasillos obscuros, brincando montones de basura, saltando charcos y esquivando uno que otro borracho...

Aquella noche de 1976, decidimos adelantar las posadas. Ya teníamos todo listo. Un lazo y una piñata del tamaño de un jarro, unos cuantos dulces, una caña, un tejocote y un par de cacahuates eran suficientes, el resto eran toneladas de imaginación. ...

De pronto, en un suspiro, los niños  se hicieron hombres y las niñas se convirtieron en mujeres.

Hoy las cosas son diferentes. Después de décadas de tradición,  “las ferias” ya no existen.  
Las familias se fueron alejando.  De pronto dejamos de tener contacto entre nosotros,  poco a poco, día tras día y año con año.

 Hoy donde quiera que nos encontremos (los que somos primos) a pesar de la distancia y el tiempo compartimos los  mismos recuerdos de una niñez alegre, limpia y divertida al “ritmo” de las ardillitas de lalo guerrero.

Gerardo estudio ciencias políticas, administración pública e hiso varios post-grados. Hoy  trabaja en el gobierno  municipal de Coacalco.

Margarita  se dedica por completo a su hogar. Difícil labor.

Mario es  Ingeniero químico.  Se graduó e hiso un doctorado en Francia, habla ingles, alemán, francés e  italiano, pero no sabe alburear. Qué pena.

Rogelio tiene una empresa donde confecciona uniformes para corporaciones policíacas.

María Luisa estudio ciencias de la comunicación, trabaja en el “Universum”  y se caso con el escritor Miguel Ángel Hernández Acosta.

Sergio continúo con la tradición y atiende el puesto de sus padres  en el mercado. 

Yo estudie electrónica industrial y por alguna razón nunca termine. Tengo un local frente al mercado, también soy comerciante y a veces en mi tiempo libre escribo historias.

Historias como esta.

Hoy pase por esa área de comidas y le dije a mi hija:

 “Aquí jugaba con mis primos, aquí hacíamos nuestras posadas”




martes, 14 de junio de 2011

Las flores del balcon.

Como desde hace varios años, todos los días a las siete de la mañana Carmen abrió las puertas de madera de su balcón. La suave brisa del amanecer movió las cortinas y también acaricio su arrugado rostro. Con los ojos cerrados extendió sus brazos para que todo su cuerpo disfrutara lo suave del viento. Tras un enorme suspiro, esbozo una gran sonrisa. Así dio inicio a la rutina de todos los días. Se dirige a la cocina, descuelga una jaula, toma una maceta y las coloca en el balcón. Víctor que aun estaba en cama sintió frio y como siempre expreso su malestar –¡¡cierra las ventanas!! ¿No ves que estoy tratando de dormir?— Carmen solo volvió a sonreír.
Víctor y Carmen tenían 53 años de casados, los dos trabajaron toda su vida como maestros y ahora vivían de su pensión. Con sus ahorros  compraron un departamento en un quinto piso por el rumbo de coyoacan, no era muy chico ni muy grande  pero para ellos dos era suficiente. Después de un embarazo muy complicado que termino en aborto espontaneo, tuvieron que extraer la matriz de Carmen y nunca tuvieron hijos. Quizás esa fue la razón de que Víctor desde muy temprano en su matrimonio se distancio de Carmen.
Sentado en una banca en el parque, apoyando el codo en su pierna, con una mano en la barbilla y los ojos entrecerrados pensaba --¿Qué habría pasado de haberse logrado aquel embarazo?— Siempre se hacia la misma pregunta mas nunca se atrevía a buscar una respuesta. Así con esa idea en su cabeza pasaba largos ratos en el parque. Carmen por su parte lo supero más rápido y nunca lo volvió a comentar con Víctor. En el fondo le pesaba la actitud de su esposo,  lo tachaba de egoísta y aun hoy, a veces piensa ¿Que hubiera hecho el en su lugar?
Para tener una ocupación Carmen imparte clases de ingles a domicilio, pues a  lo largo de su vida conoció muchos alumnos, así  entonces hoy compartía sus conocimientos con los hijos de ellos. Víctor,  al contrario se estaba dejando morir pues había perdido sus aspiraciones y sueños.
Como todas las noches ambos se reúnen en el comedor….
-¿te sirvo un poco de té?-
--¿té? ¿té? ¡53 años casados, sabes que  lo odio! ¿Y aun me ofreces té?--
Carmen da media vuelta  y  sirve en una taza café a Víctor.  Así como de costumbre, desde hace ya muchos años, sin cruzar palabra alguna Carmen termina su té y Víctor su café.
Recostada en su cama Carmen lee un libro mientras Víctor solo da vueltas y vueltas
--¿oye?  ¿Por que no apagas esa maldita luz?—
La obscuridad es mudo testigo de las lágrimas solitarias de Carmen y de la ira de Víctor.
Esta mañana Víctor se despertó con el canto de un canario que hacia eco en la cocina. Se extraño de no ver el balcón abierto.  Con pesar se dirigió al baño. De reojo vio a Carmen y no quiso molestarla. Después de beber un café observo el reloj en la pared. Se dirigió a la habitación y Carmen permanecía inmóvil,  recostada de lado, con las palmas juntas bajo sus mejillas simulando una almohada, parecía profundamente dormida. Un escalofrió cimbro de pies a cabeza a Víctor  que permaneció inmóvil un largo rato, la leve sonrisa en el rostro de Carmen no le permitió mover ni un musculo. Se dirigió al baño y se metió en la regadera, tratando de no hacer ruido se cambio y se fue al parque frente a su casa.
Permaneció ahí algunas horas con la mente en blanco. Regreso al departamento cerca de medio día y el canario aun seguía cantando. Con gran incertidumbre entro a la habitación y trato de asimilar que Carmen se había ido. Asi con dolor en su alma acepto que Carmen no despertaría nunca más. Con gruesas lágrimas recorriendo su faz acaricio el frio rostro de Carmen. No recuerda cuando fue la última vez que lo hizo. No recuerda cuando fue la última vez que le dijo “te amo”. Hoy no será ese día, pues hoy le dirá “Adiós”.
A partir de ese día, Víctor a las 7am abre las puertas del balcón, se dirige a la cocina descuelga una jaula, toma una maceta y las coloca sobre el mismo. Por las noches bebe té y antes de dormir lee un libro.
Hoy Víctor sabe que a Carmen le hubiera gustado que fuera amoroso y tierno.
 Alimentando  a un canario y regando una maceta, en soledad total, Víctor piensa…….
A las mujeres no hay que tratar de comprenderlas, solo hay que amarlas.